Este proceso, denominado oseointegración, permite que si se insertan en la mandíbula unos pequeños tornillos de titanio el hueso crezca en torno a ellos anclándolos tan fuertemente como lo están los dientes naturales. Se crean así unas raíces artificiales que sirven de soporte tanto para la restauración de dientes individuales como para la fijación de prótesis parciales o totales.
La parte visible de los dientes, o corona, se fabrica con material cerámico y su forma, tamaño y color se realiza de forma individualizada para cada persona a fin de que se integre estética y funcionalmente con el resto de la dentadura.
De la unión de las coronas y las raíces se encargan los llamados pilares transepiteliales, unas piezas metálicas que se atornillan a los implantes. Según las necesidades de cada paciente las coronas pueden también atornillarse o encastrarse a los pilares o unirse a ellos mediante un sistema fijo-removible tipo clip.
Prueba de la eficacia de este tratamiento, que lleva aplicándose clínicamente desde 1965, es que pacientes a los que se les realizaron implantes hace casi cuatro décadas todavía los conservan de forma totalmente satisfactoria.
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